La señora que te cambia el día

28 de mayo de 2016 / 12:38pm / La Antigua Guatemala.

Ella estaba ahí parada en la esquina del balcón. Se notaba que había salido un instante de la casa donde trabaja, porque estaba volteando para los dos lados con cierta premura, como esperando a alguien.

Pero la premura no era motivo de enojo, por el contrario. Hay gente tan fuerte que las premuras, las carreras de la vida, la ansiedad y las presiones pocas veces pueden doblegarles el espíritu.

Saludaba y deseaba un buen día a todo el que pasaba. Lo hacía con tal cordialidad que me atrevo a decir que las personas tenían un antes y un después en su día luego de saludarla.

Decía la Madre Teresa que las palabras cordiales pueden ser breves y fácilmente expresables, pero sus ecos son inacabables e imparables. Y tenía razón, mucha razón.

Más personas así, por favor.

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