Heredar arte

28 de marzo de 2016 / 12:09 am / La Antigua Guatemala.

Era la hora en que los turistas salen a pasear, los restaurantes se empiezan a llenar y el sol no da tregua. Era la hora en que la calle del arco se llena de visitantes y las banquetas con sombre, de pintores.

Pero entre todos, había uno que llamaba la atención. No porque tuviera gigantes cuadros, o estuviera luciendo técnica. Es más, era el que menos pintaba en aquel instante. El espectáculo era otro.

Sentadita, en un banquito, al lado de aquel pintor estaba esa niña que curiosa, miraba la mano de su maestro. Era una sinergia mágica entre el pintor y la niña.

Dicen que nunca es tarde para aprender. Tampoco para enseñar. Sembrar arte en el alma de los niños para cosechar futuro del bueno. El arte brinda sensibilidad. La sensibilidad brinda asombro. Y el asombro es ese don que aunque crezcamos no debemos dejar de tener, como ella, la del banquito y todos los niños.

Cátedra en la calle.

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