Cabecear en la banqueta

12 febrero de 2016 / 3:16 pm / La Antigua Guatemala.
He visto mucha pero mucha gente dormida en la calle. Unos cabecean, otros simplemente están ya vencidos por el sueño. Y ya lo he dicho otras veces: dormir en la calle no es fácil. No cualquiera puede: gente viendo, riéndose, curiosando, hablando, molestando, etc.
 
Lo mágico de dormirse en público es que hay un momento, un instante, en el que uno decide si mantener las formas o dejarse de tanta pena y lanzarse al terreno del “no importa”.
 
Dormir en la calle es un súper-poder porque quién se duerme un momento ahí (con tanto descaro) no tiene pena, no se arruga, no le importa qué hablen de él. Sonará exagerado, pero dormir una siesta en la banqueta puede ser demostración y cátedra, de que uno va por la vida, seguro de quién es, sin deberle nada a nadie.
 
Dicen que uno debe encontrar lo mágico en lo ordinario. Pero a veces, es más fácil de lo que parece y lo mágico sale a nuestro encuentro. Solo hay que estar bien despiertos para verlo.
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