El desvelo de la cocada

25 de marzo de 2016 / 9:02am / La Antigua Guatemala.

“Me desvelé terminando los dulces. Costó que la cocada me saliera bien, pero al fin sí salió. Me acosté re tarde. ¿Usted me va a comprar algo o sólo la foto me va a tomar?”

Estaba sentada en un banquito frente a una puerta. Al lado de su mesita habían otras personas que al no más oír lo que me dijo se pusieron a reír con ella y conmigo. Vendía dulces típicos en plena calle. Tenía un delantal cuadrículado en rojo y blanco, un suéter que le quedaba grande, canas de tanta vida y una sonrisa kilométrica. Las sonrisas kilométricas son esas que uno empieza a sentir desde muchos metros antes.

Y eso era lo más dulce de todo: no sólo las canillitas, la cocada o lo nuégados. Lo más dulce era esa súper sonrisa. Parecía poderosa porque además de kilométrica es de esas sonrisas que lo curan todo.

Lo más importante del momento fue concluir lo siguiente: personas que se desvelan trabajando hay muchas. Pero personas que a pesar de eso, al día siguiente siguen sonriendo y contagiando alegría, de esas hay muy pocas. Después de todo, las buenas personas suelen sacar lo bueno de otras personas.

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